
Hubo una vez, un escritor oscuro, descargando ávidamente por su terrible pluma, sus más horribles pensamientos. Luego miles leímos esa prosa en lúgubres páginas de tenebrosas voces y buscando en sus siniestros lances, insistimos en el juego del miedo que su genio magistral nos proponía, sintiendo a nuestra espalda a medianoche el más inexplicable escalofrío.
Muy pronto abandonó este mundo dejándonos su obra inolvidable desde entonces en nuestras bibliotecas, a la espera de jóvenes espíritus para atraparlos en su infierno de poesía. No volveré a esas páginas me dije, no más aves oscuras, fantasmas, máscaras ni péndulos... pero el canto de sirenas de sus libros nace y en el silencio de la noche vuelve.